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Encantado de conocerme

Present moment mindful meditation

¡Encantado de conocerme!

Tal y como vemos en consulta los profesionales que trabajamos con personas que buscan, de una manera u otra, incrementar su grado de satisfacción personal, uno de los requisitos indispensables para tener una vida plena y con sentido es el autoconocimiento.

Empezamos con las emociones.

Conocernos a nosotros mismos conlleva desarrollar la habilidad de ser conscientes de nuestras emociones y darnos el permiso y el espacio necesarios para sentirlas, comprenderlas y canalizarlas en pos de nuestro crecimiento personal. Hay una mala noticia en todo esto: a la mayoría nunca nos enseñaron nada acerca de reconocer, expresar y gestionar nuestras emociones. Pero también hay una gran noticia al respecto: siempre es posible comenzar a hacerlo, así que siempre estamos a tiempo de invertir en ello.

Lo fundamental en todo esto es que, marginando el torbellino de emociones y sentimientos que constantemente afloran en nuestro interior, solo conseguimos contribuir (y muy generosamente) a nuestro sufrimiento. Por ello resulta imprescindible entrenar la habilidad de conocer y comprender las cosas que vamos sintiendo y aprender a canalizarlas de manera constructiva.

Para comenzar nuestra andadura en este apasionante viaje de autoconocimiento podemos, por tanto, tratar de reconocer nuestras emociones y entender para qué están ahí, pues las emociones siempre tienen un mensaje para nosotros, el cual hemos de aprender a reconocer para darle la importancia que se merece.

Pero… ¿quién soy yo?

Ser conscientes de nosotros también se trata de investigar de manera sincera y valerosa sobre nuestros gustos, nuestros ideales, nuestros valores, nuestras preferencias en la vida, nuestros puntos fuertes y nuestras facetas a mejorar. Es por ello que el autoconocimiento se relaciona directamente con el grado de satisfacción no solo con uno mismo, sino también con la vida en general.

Todos sabemos que es importante cuidar de los demás, pero aún más importante es cuidar de nosotros mismos. Y para ello es necesario saber primero quiénes somos realmente. ¿Qué te apasiona? ¿Qué quieres hacer realmente con tu tiempo? ¿Qué te motiva independientemente de las presiones sociales? ¿Qué cosas te hacen sufrir? ¿Qué quieres cambiar en tu vida? ¿Cómo puedes hacerlo? Estas y otra infinidad de preguntas surgen con normalidad durante el proceso de terapia, y son fundamentales si queremos desarrollar el autoconocimiento suficiente para procurarnos una vida plena y satisfactoria.

Cuando dejamos de vestirnos con las creencias y valores que, simplemente, heredamos de nuestro entorno, y empezamos a construir un autoconcepto propio, sólido y adaptativo, empezamos a entender que la felicidad tiene más que ver con lo que tenemos dentro de nosotros mismos que con lo que tenemos fuera. Y nosotros somos los únicos responsables de contribuir beneficiosamente al enriquecimiento de ese maravilloso mundo interno.

¿En qué desemboca todo esto?

Mediante el autoconocimiento conseguimos no sólo ser conscientes de nuestros valores, de lo que es realmente importante para nosotros, de lo que somos como personas independientemente del guion social, sino también detectar aquellas cosas que podemos mejorar para procurar nuestra felicidad. En este sentido, sabemos que las personas suelen pedir a los demás precisamente aquello que no son capaces de darse a sí mismas: afecto, reconocimiento, confianza, validación, etc. El autoconocimiento y la consecuente autonomía personal pasan por saber mirar hacia dentro, detectar estas necesidades insatisfechas y aprender a solventarlas de una manera saludable y adaptativa.

De modo que, al final, lo que conseguimos es precisamente valernos por nosotros mismos para contribuir de manera generalizada a nuestro imprescindible bienestar personal.

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